17
Nov

Las Lecciones de Gareca


Estoy feliz con la clasificación. Quién no. Tantos años de espera y de frustraciones, tantas decepciones. Pero eso se acabó. Se logró el objetivo. Un objetivo deportivo que todos aplauden, celebran, gozan.

Sin embargo, creo que hay otros objetivos que son aun más importantes y que como país hemos logrado o, por lo menos, hemos empezado a conseguir. Y ese camino, es una lección más valiosa que la propia clasificación.

Gareca nos enseñó que, a pesar de las dificultades, somos un pueblo capaz de unirse por obtener grandes cosas. El papel del hincha fue fundamental en este proceso. La energía que cada uno de nosotros puso fue el combustible necesario para que todos estos muchachos nos regalaran este premio. Un premio al aliento incondicional, a la fe ciega, al seguir adelante contra viento y marea.

Gareca les enseñó a los jóvenes también el valor de la disciplina y del compromiso. Nos hizo reflejarnos en ese espejo de algo menos de 40 muchachos, lo que puede ser un grupo en pos de un objetivo por muy difícil que este parezca. Sin grandes figuras, sin apoyo externo, sin condiciones climáticas favorables, sin grandes recursos. Le dijo a un país que por difícil que parezca, las metas pueden obtenerse con unión, corrección y trabajo. Les dijo a los chicos humildes que no deben rendirse, que los sueños pueden cumplirse, que todo es posible, hasta ser un jugador peruano en un equipo novel y en formación y llegar al mundial.

Gareca nos enseñó la importancia de persistir. De no bajar los brazos, aun cuando creemos que todo está perdido. Que no tiene que importarnos lo que quienes no creen en ti, dicen de ti. Que hay que perseguir los sueños siempre por muy imposibles que estos parezcan. Que si te caes, debes levantarte con más actitud. Que el más débil tiene siempre con qué imponerse sobre el más fuerte. Que es cuestión de temperamento ante la vida, de no conformarnos con nuestra suerte, más bien de intentar cambiarla y utilizarla en nuestro favor. Porque cuando la fuerza poderosa de nuestro corazón nos guía, hasta la suerte juega en nuestro equipo.

Gareca nos hizo ver que no hay mal que dure cien años (ó 36). Que siempre hay una luz al final del túnel. Que es cuestión de que la busquemos. Y que la encontremos nosotros, porque nadie nos va a regalar nada. Que con sacrificio y entrega, seremos capaces de hacerle una finta a la adversidad, aunque vengamos de caernos muchas veces. Él fue capaz de elevar la autoestima de un grupo que por momentos era empujado por los incrédulos a renunciar. Los hizo creer en ellos nuevamente, sin importar que los demás creyeran o no. Y los hizo salir adelante uno a uno. Con la fuerza interna propia de cada individuo y el poder del espíritu solidario de un grupo.

Gareca le enseñó a todo un país lo que es respeto. Que hacerse respetar no es hablar más alto o gritar más fuerte. Con su aplomo y serenidad, supo responder cada “sugerencia” o pregunta maliciosa. Con firmeza y siempre guardando las formas, se encaramó como el líder que este grupo necesitaba. Y su liderazgo fue más allá, tomando el control sobre la prensa, sobre las barras, sobre los hinchas. Fue capaz de liderar un país con su coherencia. Inspiró a sus chicos, a los periodistas que lo siguieron respetuosamente, a los hinchas que hoy lo veneran como un Dios.

Gareca también nos enseñó la importancia de dar segundas oportunidades. Supo en qué momento tomar las medidas correctivas necesarias, sacrificando a veces a jugadores que jamás pensamos que podríamos excluir de este equipo. Para luego, cuando lo merecieron, abrirles nuevamente los brazos sabiendo que habían entendido el mensaje y que las cosas serían esta vez diferentes. El poder de perdonar. Y eso es humildad. Una humildad que no solo necesita quien ha cometido un error para pedir perdón, sino la de alguien que teniendo el poder se rectifica o confía y da nuevas oportunidades.

Gareca les enseñó a los dirigentes y políticos el valor de la honestidad. Del discurso coherente, de no dejarse seducir por el populismo, por el exitismo, del poder efímero. Gareca dio cátedra de como conducir a 30 millones de peruanos en una dirección creyendo en un proyecto, apostando por quien sabe un poco más que nosotros. Sin ambigüedades, sin promesas desmedidas. Simplemente con una línea de conducta ejemplar que cosechó el apoyo de las grandes mayorías, de todos y de cada uno de nosotros. Demostrando que no hay que hablar mucho. Que hay que hacer. Que no se amenaza, se actúa.

Por esta y muchas cosas más, hay que agradecerle a este señor, al que le dicen Tigre, pero que se llama Ricardo Gareca. Por ser el responsable del surgimiento y de la renovación exitosa del fútbol peruano. Por ser un entrenador al que “solo le importa el HOMBRE. Inteligente, intuitivo, personaje fabuloso, riquísimo, pleno de humanidad y pletórico de eso que necesitan los peruanos de hoy: unas ganas bárbaras de ser competitivos”. Pero sobre todo hay que agradecerle lo que nos dejó como personas. Como para dejar de subestimar al fútbol, como algunos lo definen: un montón de tipos irracionales corriendo detrás de una pelota.
Gareca, un “simple” entrenador de fútbol, nos dejó grandes lecciones humanas que espero que, como país y como personas, sepamos aprovechar.

Ernesto Melgar
Noviembre 2017

 
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Ernesto Melgar