21
Apr

Auspicia mi Kermesse


Podría pensarse que mi oficina es la casa del jabonero, donde el que no cae resbala. Cualquier iniciativa que necesita financiamiento viene a nosotros como primicia a cambio de promover nuestros productos, sin importar si tenemos una estrategia para la marca o si hay afinidad entre éstos y lo que la iniciativa representa. Vienen por festivales de salsa, torneos de esquí, películas de vampiros, concursos de belleza. En una frescura rayana en la ingenuidad, nos piden miles de dólares a cambio de impulsadoras en un concierto de rock o nuestro logo en el marcador del mundialito del Porvenir.  Lo más insólito es que luego de nuestra negativa insisten con el amigo “influyente” que intercede para que lo reconsideremos. Y difícil culparlos cuando, al final, será ese amigo en cualquier otra compañía el que les conseguirá los recursos que necesitan.

El sponsoring o patrocinio busca asociar a las marcas o productos con ciertas actividades de tal modo que se les relacione con ellas,  generando impacto y construyendo una imagen que transmita aquello en lo que cree la empresa. Apoyar la cultura, la música o el deporte, puede significar mucho para grupos de consumidores que quieren relacionarse con quienes promueven o comparten sus creencias y por lo tanto puede traerle a esas empresas clientes que sintonizan con su credo. Por lo tanto, participar en una u otra cosa dependerá de la estrategia de la compañía y no de una decisión arbitraria. Dicho esto, en el futuro, si alguien va a venir a ofrecerme un auspicio le sugiero que primero vea por donde van nuestros intereses. Después, y si no la ven, pueden ir a buscar a su gerente influyente.

Fuente: La República 

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